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Publicado el lunes, 26 de septiembre de 2016

Si los padres supieran...

Nuestra sociedad profesionaliza todo lo que puede. La educación y la paternidad no han escapado; parece que todo se ha complicado, que lo que antes era natural ahora debe planificarse, medirse y corregirse. Sin embargo, los padres y los maestros llevan siglos valiéndose de una herramienta poderosísima, que obra milagros en la formación de los niños y que es muy fácil de utilizar. ¿Quieres saber cuál es?


Todos queremos que nuestros hijos sean felices, buenas personas, comprensivos, desarrollen su potencial intelectual al máximo… muchos objetivos. Habrá que trabajar mucho para conseguirlo, ¿no?

 

O quizás no. Porque hay una herramienta sencilla y valiosísima que, utilizada con niños, posibilita que:

 

·       Los niños se quedan un buen rato tranquilos.

 

·       Su imaginación se dispare y sean cada vez más creativos.

 

·       Ejerciten la memoria, una capacidad que parece haber pasado de moda pero que sin embargo sigue siendo imprescindible.

 

·       Sientan que, por fin, papá y mamá no hacen otra cosa más que cuidarlos, con lo que desarrollan la tan buscada autoestima.

 

·       Su lenguaje se expanda: sintaxis, semántica y vocabulario se enriquecen.

 

·       Aprendan a ponerse en el lugar de los demás: la empatía es una virtud que se aprende mejor de pequeños.

 

·       Amplíen su conocimiento del mundo: ¡hay muchas más maneras de vivir aparte de la de nuestro hogar y barrio!

 

·       Identifiquen una enorme variedad de emociones, con lo que ganan en conocimiento de sí mismos y autocontrol.

 

·       Descubran el placer del suspense y la catarsis.

 

·       Cultiven la capacidad de escucha activa.

 

·       Entrenen su habilidad para mantener la concentración.

 

·       Y comprendan que hay situaciones en las que no se puede ir con prisas, para las que se necesita tiempo, tiempo del bueno, del que no se mide, del que pasa sin que nos demos cuenta.

 

¡Ay! si los padres supieran las maravillas que los cuentos obran en sus hijos!

 

 

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